martes, 19 de agosto de 2008

Dominicana
Camino las calles de Santo Domingo para de alguna manera ponerme en contacto con la gente de a pie, ya sean dominicanos o haitianos, porque la presencia de estos últimos es cada vez más notable, y el interés que me trae a este país está sumamente ligado a la convivencia entre ambos y el respeto de las diferencias raciales. Hace ocho años que no visitaba República Dominicana e inmediatamente me doy cuenta que la ciudad ha crecido, pero también su parque vehicular. Por un momento dejo a un lado el tema que investigo, y me concentro en un problema de indisciplina social de alarmantes consecuencias: la violación de las leyes del tránsito. Cruzar una de las principales calles o avenidas de la capital dominicana o viajar en un taxi, en un vehículo privado o del transporte público implica el riesgo enorme de perder la vida a causa de un accidente de tránsito.

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